Jackie Parisier

Buenos Aires, Argentina| 1968

Texts


  • Days Old

    By Jackie Parisier

    Buenos Aires, Argentina

    “Days Old” surge del hallazgo de un tesoro de rollos vintage de diferentes formatos que fueron expuestos entre 1959 y 1961, en los Estados Unidos por un fotógrafo amateur desconocido, y empaquetados y etiquetados luego para su preservación, mediante el empleo de técnicas y materiales poco convencionales, como cinta de uso médico y papel aluminio.

    “Undeveloped”, es una serie de fotografías digitales, color, realizadas en estudio, que registran el primer encuentro con el archivo de “Days Old”. Cada toma directa, cenital, captura una de las caras exteriores y profusamente rotuladas de los paquetes armados hace mas de medio siglo. Incluso antes de que se develase el misterio de su contenido, el estudio del tejido adiposo de los envoltorios, reveló ya varias particularidades: los textos manuscritos en la superficie indican un vínculo único con el paso del tiempo, los nombres de las personas implicadas en el archivo están marcados por el número de sus días de vida (y no por los años, como sería habitual). ¿Qué motivo secreto se esconde detrás de semejante registro?

    “Exposed” comienza ya a arrojar luz sobre los secretos de “Undeveloped”. El revelado y copiado de las películas en blanco y negro, de distintos formatos, exponen paulatinamente las marcas de algo siniestro. El trabajo de laboratorio que vuelve a hacer visibles imágenes oscurecidas por el paso del tiempo y veladas por los intentos inadecuados de hacerlas perdurar, reabre el libro de lo sucedido en un contexto que se ha perdido para siempre. Cada exposición permite una recuperación incompleta, pero recuperación al fin de todas las fuerzas transformadoras que en cada una de las imágenes ejercen influencias reparables o irreparables: las particularidades técnicas de los distintos dispositivos empleados, los efectos variados del largo almacenaje, los destellos arbitrariamente distribuidos sobre ellas por el efecto indeseado del papel aluminio, el esfuerzo original por detener momentos que han pasado.

    “Days Old” se completa con dos video instalaciones que dan vida a sendos rollos expuestos en secuencia. Transformadas en fotogramas, la imágenes cuadradas, reaniman escenas de una cotidianeidad perdida e invocan en sus intervalos gestos que en realidad son ya imposibles de recuperar. En un loop silencioso que se repite al infinito, las fotografías relampaguean entre el pasado de su captura y el ahora de su visibilidad. En un ultimo giro, el fotógrafo amateur -que dejó su archivo como un náufrago arroja al mar un mensaje en una botella- se convierte también en cineasta.

  • Entre el olvido y la espera

    By Florencio Noceti

    Buenos Aires, Argentina

    L’attente seule donne l’attention.

    L’attente, l’oubli.

    Tu ne trouveras pas les limites de l’oubli, si loin que tu puisses oublier

    (Maurice Blanchot)

    La temporalidad narrativa de Days Old puede definirse como una reacción a esta época de las prisas -que es la época en la que todavía vivimos- en la que todo arte debería ser breve. Arte estéticamente breve. Obvio. O sea arte listo para ser admirado rápidamente al pasar. Y -en lo profundo- arte poéticamente breve. O sea arte a resultas de un velocísimo proceso de producción, presto a interrumpirse y recomenzar de nuevo a cada instante.

    Indudablemente, Jackie Parisier tiene en mente justamente lo opuesto. Su Days Old supone, poéticamente, una espera. Una espera de miles y miles de días para rescatar, al borde mismo del olvido, un archivo de imágenes ya casi invisibles. Una espera de cientos y cientos de días para volver visibles esas imágenes en EXPOSED. Y una espera de decenas y decenas de días ante el archivo aún inviolado, registrada pacientemente en UNDEVELOPED

    La muestra surgida de esa espera poética, nos propone, estéticamente, cuanto menos una demora. El amplio horizonte temporal implicado en la producción de Days Old obliga a una atención similarmente dilatada. Esta creación, y su contemplación requieren una complicidad rara entre artista y espectadores. Una complicidad en la espera, ajena al espíritu de estos tiempos, para sondear atentamente los inhallables límites del olvido.

    ¿Qué interés puede tener esta atención concentrada por la espera poética y estética en las formas y el contenido de un archivo casi olvidado? Quien acepte seguir las lecciones de Hegel en este asunto, concluirá rápidamente que el interés no es práctico, ni científico. Parisier no nos propone valernos destructivamente del archivo para nuestra utilidad, ni enfocarlo teóricamente para extraer de él concepto alguno general.

    El interés de Days Old se revelará, desde este punto de vista, propiamente artístico: de una parte se trata de que la espera deje que el archivo rescatado del olvido exista libremente para sí mismo. Sin usarlo. De la otra, la propuesta consiste en que la atención generada por la espera permita cultivar un interés por el hallazgo en su existencia singular. Renunciando a la tentación de extraer conclusiones de las que corresponden a una inteligencia científica.

    Esperar y atender, de cara a la extensión ilimitada de cuanto hemos olvidado. Pero con un interés artístico. Ni práctico, ni científico. Ese es el plan. El riesgo es claro: podríamos acabar constatando que en esta época de prisas, el imperativo de la inmediatez ha dejado a la espera y a la atención ya sin recursos. En contrapartida, un poco de paciencia recobrada podría señalarnos el camino hacia una época distinta de esta en la que todavía vivimos.

    Florencio Noceti, 13.969 days old.

  • Days Old

    By Valeria González

    Buenos Aires, Argentina

    En un futuro cercano desaparecerá la última generación que aún guarda una memoria física de lo que era la fotografía antes de volverse información digital. Se conservará probablemente en los relatos –históricos, museísticos, familiares- el acontecimiento del revelado, el hiato mágico que aún separaba el acto relativamente a ciegas de la toma y el surgir de la imagen en su oscuro baño bautismal. Pero esta memoria ya no estará inscripta en el cuerpo de la experiencia. Mejor dicho: sólo habrá quedado atesorada en cuerpos no humanos.

    A inicios de 2014, Jackie Parisier compró un lote de 11 rollos fotográficos, envueltos en 8 paquetes rotulados a mano. En principio, un elemento más de la ingente masa de objetos que circula globalmente en los mercados vintage de bagatelas y residuos culturales de lo más diversos. (Para Boris Groys la política del arte contemporáneo consiste en sustraer aquello que circula anónimamente en las redes y dotarlo de singularidad). Los rollos habían sido expuestos pero nunca revelados. La información manuscrita daba detalles importantes: las tomas habían sido hechas entre 1959 y 1961, en el ámbito privado de una familia, a juzgar por los nombres de los protagonistas: tres niños –llamados Paul, Frank y Rosemary- consignados en cada rollo con la edad exacta que tenían en el momento de la captura fotográfica, medida en días. Sí: por ejemplo, PAULY 2776 DAYS OLD.

    “Fueron tomadas por un hombre mayor en East Chicago, Indiana, cuando fue despedido de la planta siderúrgica. No era un profesional. Es todo lo que sé” fue la información vertida por el vendedor. Por la cantidad de lotes disponibles en aquella subasta, se sabe que, entre fines de los 50 e inicios de los 60, utilizó más de mil rollos y diferentes cámaras, como puede deducirse de las cuidadosas anotaciones técnicas. ¿Por qué razón el hombre que tomó esas fotografías –a las que evidentemente valoraba, a juzgar por el meticuloso sistema de almacenamiento y clasificación- nunca las reveló? La obra artística de Jackie Parisier comienza en el momento en que se siente destinada a recibir en sus manos estas cápsulas de tiempo. Durante un año trabajó con los paquetes cerrados, sabiendo que su disclosure sería un acto irreversible, y por lo tanto una decisión ética y estética que no podía tomarse a la ligera. Con paciente curiosidad, prosiguió su pesquisa de este lado de la frontera, aguardando hasta el momento en que el cuerpo material de los envoltorios se agotara en su capacidad de dar pistas a la imaginación. (Estética forense se llama ahora a la labor de hacer hablar a testigos no humanos).

    A partir de marzo de 2015, los rollos expuestos a la luz hace más de 50 años, fueron revelados. Jackie investigó obsesivamente las técnicas adecuadas a aquellas antiguas cámaras, como el arqueólogo que precisa traducir con fidelidad una escritura del pasado. A través del cuarto oscuro, Paul, Frank y Rosemary cobraron cuerpo; pero –sobre todo- cobró cuerpo esa cápsula de tiempo vislumbrada por la artista, revelando que no se trataba de un dispositivo aséptico donde un pasado eficientemente congelado nos llegaba en línea recta hasta el presente, sino de un ente vivo. Las fulguraciones centelleantes que emergen en ciertas imágenes son obra del envoltorio metalizado, su lenta y secreta secreción a lo largo de las décadas. (Recuerdo, claro, la Supervivencia de las luciérnagas de Didi Huberman). Lo que Jackie Parisier inventa para la fotografía contemporánea es una autoría extraña en la que su hacer se suma al de un ignoto y singular autodidacta nacido en torno de 1920 y el obrar (¿inanimado?) de las cosas y del tiempo.

    Nada más lejano del “apropiacionismo” posmoderno y los artistas que posproducen y resignifican imágenes encontradas en un presente perpetuo. Más cerca, en todo caso, de André Breton y Walter Benjamin, que asignaron a las máquinas ópticas la tarea de des-cubrir el potencial mágico que anida debajo de la epidermis de las cosas. Allí donde las cosas atesoran un futuro y donde es bueno envejecer, como esos paquetes rotulados que acumularon su edad para llegar a manos de la destinataria que los convertiría en un mensaje cifrado para las nuevas generaciones, que desconocerán la experiencia del tiempo que separaba el acto de tomar y de ver una fotografía.

    Para mí, se ha revelado también el nuevo nacimiento de una artista que ya no volverá atrás de este descubrimiento.

    Valeria González, 18.355 days old.